Ella se sentó a la orilla del río a ver los holas pasar.
Decidió que las piedras del camino eran dados del azar.
Un día lanzó un grito al vacío y así se desahogó.
Aunque, con el agua al cuello, pudo decir que se salvó.
Y continuó a nado su camino hacia la nada...
Carol Blanco ©
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